lunes, 30 de agosto de 2010
La noche que todo paso
Las palabras que resonaban con eco, en esta habitación vacía, no sabía si me estaban interrogando o no. La noche ya había caído hacía un buen rato, los sonidos del silencio se agolpaban contra mí, no necesitaba esa luz blanca que pendía del techo, no era necesario, sin más ni más estoy seguro de lo que aquí confieso.
Fui yo, pero antes de seguir, quiero decirles que de verdad que hacía mucho ruido, -yo no quería, pero mi instinto me hizo lanzar mi mejor tiro, él estaba ahí, así fue como murió; pobre murió.
La noche estaba oscura, eran entre dos y tres de la mañana, lo sé porque es regularmente cuando duermo bien. Si, termino muerto, terriblemente sin nada que decir, no lo deje decir nada.
En ese momento no supe que pensar, de hecho aun dudo que haya sido simplemente yo.
- No fui... bueno si - Pero... el se movió, aceptó su muerte, -como diciendo...- ¡Esto me lo gane por molestar, seguro lo tengo hasta la madre!
Fue mucho, de verdad que fue mucho, al parecer no le había ido bien, seguro no consiguió nada el día de hoy. -Soy malo, lo acepto, sus entrañas quedaron por todos lados. Pero murió contento; de verdad... porque todavía cantaba en su último suspiro. Yo lo escuche, lo vi unos instantes antes de morir.
El tiro fue certero, no lo dejo ni terminar la rima, no lo quería matar, el se cruzó, si no se hubiera metido, de verdad que no muere.
Pero ahí está pepe, ese pepe... es el cómplice, dejo la puerta abierta, entiendo que hacía calor, que es sano dejar entrar aire fresco, pero, alguien dijo algo de ese animal. El se aprovecho de nuestra inocencia, de la bondad, de abrirle las puertas de la casa, él ya estaba aquí, se metió.
Él fue el culpable, era metiche, no sé qué vino a ver, primero en silencio, como temiendo que alguien lo viera, luego queriendo llamar la atención.
Todo esto parece un cuento, bueno no fue cuento de verdad que te puedo enseñar su extremidades, aun las tengo aquí... Es lo único visible que quedó.
Si es la historia del animal que invadió mi privacidad.
Saben... Todo inicio hace como una semana, los dos cohabitábamos la misma colonia, quizás la misma acera, ¿pero esto?… no supo respetar; nos invadió.
Tenía todo el día para molestar a alguien más en el jardín y no, no. Se ponía de acuerdo con los otros, planeando lo que harían en la noche, no lo sé bien. Era de locos, cómo quería que lo respetará. Todo eran malas intenciones. Saben, creo que lo planeo todo, para hacerme sentir mal; desde el primer momento, todo estaba así.
¡Fue un bribón!
¡Aprovechado!
Yo intentando dormir y el con su desdén; si como no; jijo de su maaaaaa.... . De verdad si tan solo lo hubieran visto; su risa, aun estaba dibujada en lo que fue su cara, ahora en el piso, aun me mira, sus ojos están ahí como... estampas en el suelo.
Como diciendo...
-Si tan solo me dejaras otra noche, tendría descendencia, no estaría aqui.-
- Pero no, tu tiro me atrapo, no pude ni saltar-
Mi vano intento por callarlo solo me hizo ayudarlo a alcanzar más rápido la muerte.
¿y yo?
Yo, yo, no, no. No mueras, no, no lo hagas.
Unos minutos después, todo termino. Fue rápido, estoy seguro que fue rápido... si tan solo hubiera saltado al otro lado, pero no. siempre su mamá le dijo, vete derechito mijo, no te vayas por la izquierda, ni por la derecha.
-hijo... hijo- por favor, si caes en las manos de la gente mala te van a matar y mira, fui malo y lo mate.
No, ¡noooo!
Desalmado, bueno quizás tenía algo de bueno, porque ya vivía por aquí y aquí la gente es buena, eso creo.
Saben, ahora que lo veo, tenía un problema. Tenía conflictos de personalidad, quizás era bipolar, ¡sí! Seguramente si, porque luego...estaba bien, pero a veces se ponía mal. Tenía problemas y su suicidio. Así fue, un problema. No supo cómo resolver las cosas, cómo enfrentar su realidad.
Yo qué culpa tengo de su desamor, si el solo... sólo se cruzó en el camino del tiro. Como si supiera que por ah iba a pasar, no sé, ahora no se qué hacer.
Saben, quizás lo saque a la basura, quizás busque otros y los entierre con ellos. Ellos sabrán qué hacer. Y él, quizás pueda quedar en el recuerdo de los demás.
Sin ti esta noche no se que hubiera hecho, te has llevado la noche. Pero hasta aquí terminaste, no otra noche sin dormir por tu culpa. Ya no.
La luz se apaga, mi confesión termina, ahora me siento mejor, el sueño se concilia rápidamente y me pierdo de nuevo del lugar donde me perdí. Mañana espero que todo sea un sueño y que me abandone esta realidad.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Por un gol errante
Pasión desbordada y una que otra cerveza, camino al estadio revivo lo mismo otra vez, parece un Déjà vu. Las calles rujen, las banderas se ondean por doquier y los alaridos invaden las aceras. De los balcones cuelgan banderines rotulados con aquella histórica frase que ya nos rebaso…
Es la final y no lo puedo creer, todo se vuelve gris, -no puede ser, empiezo a sentirme mal- por qué ahora, no lo entiendo si todo iba tan bien, ¿2050 ya?, ¿qué es esto? ¿Cuántos años he estado aquí?
Ahora recuerdo bien… he penado por la espera de este momento, todo por aquella maldición que hice en el 2010… ¡Maldigo a la selección…. Cuatro años más, cuántos serán! ¡Pero aunque muera, aquí seguiré, hasta no ver a mi México ganar…!
La historia sigue, vuelvo a este mundo gris, la espera continúa, caminaré por 4 años más, esta maldición no me deja morir, pero qué más da…
Es la final y no lo puedo creer, todo se vuelve gris, -no puede ser, empiezo a sentirme mal- por qué ahora, no lo entiendo si todo iba tan bien, ¿2050 ya?, ¿qué es esto? ¿Cuántos años he estado aquí?
Ahora recuerdo bien… he penado por la espera de este momento, todo por aquella maldición que hice en el 2010… ¡Maldigo a la selección…. Cuatro años más, cuántos serán! ¡Pero aunque muera, aquí seguiré, hasta no ver a mi México ganar…!
La historia sigue, vuelvo a este mundo gris, la espera continúa, caminaré por 4 años más, esta maldición no me deja morir, pero qué más da…
martes, 17 de agosto de 2010
Viernes por la noche...
Viernes por la noche, fin de quincena, sin un peso en la bolsa, casi todo resultaba convencional, tenía rato que la noche nos había alcanzado con su obscuridad, las angostas calles del centro nos cubrían del viento, aun recuerdo a mi padre haberme mencionado que el diseño de las calles tenía que ver con no permitir que el viento corriera fuerte, para mí era un error tener tantas calles tan intrincadas, confusas y siempre diagonales.
Era otoño, así que las ramas secas de los arboles sonaban con las brizas, el ulular de algunas ramas se cubría con el estruendo de alguna cosa que caía en los techos de las vecindades. Beto y yo caminábamos por la acera, siguiendo las luces de las farolas que de repente titilaban y en los peores casos se apagaban. Caminar por estos caminos nos resultaba un poco difícil, pues eran tantas las historias que nos habían contado que a veces mirar al fondo de una vecindad oscura nos daba escalofríos, el cuerpo se encogía y no lográbamos más que pasar deprisa delante de los viejos portones de las calles del centro.
Ya andados en nuestra aventura, apresuramos el paso, pues cruzar el rio era un reto mayor que cualquiera de todas estas vecindades quedaba corta. Entre más nos acercábamos por la calle principal el arrullo de las aguas sonaba más claro, bien dicen que este sonido engaña y más de algún ahogado ha caído en su encanto, buscando la razón de los murmullos, persiguiendo chicharras y luciérnagas, cayendo al fondo hasta perderse y nunca encontrarlo jamás, de estas y otras noticias se había levantado una serie de leyendas, anécdotas y cuentos, que nadie quisiera escuchar, mucho menos vivir.
Caminando en la rivera, avanzábamos sin pesar, cada paso se convertía en un momento atrás, no parecía que avanzáramos más bien como si al paso nos regresáramos en el tiempo y distancia atrás. A lo lejos empezamos a escuchar ruidos extraños, ¡En la madre! Qué está pasando, expresó Beto con sorpresa, miedo y una especie de miedo encerrado nos cimbro e hizo que calláramos sin avanzar.
Después de unos segundos, todo parecía haber vuelto a la normalidad, los pasos habían iniciado como controlados por un reloj, distantes y sumisos al tic tac, Beto en su temeroso sentir se tomaba de mi brazo, sus 5 años menos se notaban en sus ojos en su mano temblando y apretándome hasta sofocar, mi madre lo había advertido, no vayan tan tarden nada bueno se obtiene en la noche, menos por estos rumbos tan llenos de soledad. El paso se apresuraba, como aquella máquina de tren que a lo lejos acelera su andar, llega un momento que nuestros rostros sudados y extraños se encuentran de mirada fija al escuchar extraños lamentos que a lo lejos rompen el silencio y no nos dejan concentrar.
El miedo se apodera de nosotros, llega un punto donde es difícil caminar, la respiración agitada, la espalda sudorosa, bajo el frio que mentalmente nos congela, no podemos más que caminar, escuchar los extraños lamentos a lo lejos, no dejan de parar, al mismo tiempo algunos animales, acompañan esta sinfonía extraña, de lamentos, ladridos y maúllos que suenan al azar.
Hemos dado vuelta a la esquina, quizás para nunca volver, son las tres de madrugada, y no queda más que correr, los extraños ruidos aquellos aterradores sonidos, nunca se nos han de olvidar, aun paso a mis años, y la piel se me enchina y las entrañas se me arremolinan, en un sinsentido fuera de la realidad, no solo es mi historia, son muchas más, las que de niños vivimos a mis quince años, sin duda para olvidar, hoy a mis 60, recuerdos amargos y experiencias extrañas, atesoradas en mi mente, no sé si son sueños de una vez, pero para mí son realidad.
Era otoño, así que las ramas secas de los arboles sonaban con las brizas, el ulular de algunas ramas se cubría con el estruendo de alguna cosa que caía en los techos de las vecindades. Beto y yo caminábamos por la acera, siguiendo las luces de las farolas que de repente titilaban y en los peores casos se apagaban. Caminar por estos caminos nos resultaba un poco difícil, pues eran tantas las historias que nos habían contado que a veces mirar al fondo de una vecindad oscura nos daba escalofríos, el cuerpo se encogía y no lográbamos más que pasar deprisa delante de los viejos portones de las calles del centro.
Ya andados en nuestra aventura, apresuramos el paso, pues cruzar el rio era un reto mayor que cualquiera de todas estas vecindades quedaba corta. Entre más nos acercábamos por la calle principal el arrullo de las aguas sonaba más claro, bien dicen que este sonido engaña y más de algún ahogado ha caído en su encanto, buscando la razón de los murmullos, persiguiendo chicharras y luciérnagas, cayendo al fondo hasta perderse y nunca encontrarlo jamás, de estas y otras noticias se había levantado una serie de leyendas, anécdotas y cuentos, que nadie quisiera escuchar, mucho menos vivir.
Caminando en la rivera, avanzábamos sin pesar, cada paso se convertía en un momento atrás, no parecía que avanzáramos más bien como si al paso nos regresáramos en el tiempo y distancia atrás. A lo lejos empezamos a escuchar ruidos extraños, ¡En la madre! Qué está pasando, expresó Beto con sorpresa, miedo y una especie de miedo encerrado nos cimbro e hizo que calláramos sin avanzar.
Después de unos segundos, todo parecía haber vuelto a la normalidad, los pasos habían iniciado como controlados por un reloj, distantes y sumisos al tic tac, Beto en su temeroso sentir se tomaba de mi brazo, sus 5 años menos se notaban en sus ojos en su mano temblando y apretándome hasta sofocar, mi madre lo había advertido, no vayan tan tarden nada bueno se obtiene en la noche, menos por estos rumbos tan llenos de soledad. El paso se apresuraba, como aquella máquina de tren que a lo lejos acelera su andar, llega un momento que nuestros rostros sudados y extraños se encuentran de mirada fija al escuchar extraños lamentos que a lo lejos rompen el silencio y no nos dejan concentrar.
El miedo se apodera de nosotros, llega un punto donde es difícil caminar, la respiración agitada, la espalda sudorosa, bajo el frio que mentalmente nos congela, no podemos más que caminar, escuchar los extraños lamentos a lo lejos, no dejan de parar, al mismo tiempo algunos animales, acompañan esta sinfonía extraña, de lamentos, ladridos y maúllos que suenan al azar.
Hemos dado vuelta a la esquina, quizás para nunca volver, son las tres de madrugada, y no queda más que correr, los extraños ruidos aquellos aterradores sonidos, nunca se nos han de olvidar, aun paso a mis años, y la piel se me enchina y las entrañas se me arremolinan, en un sinsentido fuera de la realidad, no solo es mi historia, son muchas más, las que de niños vivimos a mis quince años, sin duda para olvidar, hoy a mis 60, recuerdos amargos y experiencias extrañas, atesoradas en mi mente, no sé si son sueños de una vez, pero para mí son realidad.
lunes, 16 de agosto de 2010
Si hablaramos de miedo...
Son casi las seis de la mañana, de nuevo doy vueltas en la cama; estas tremendas ganas de ir al baño, casi no las puedo resistir. He vivido 15 años, los mismos en esta casa, es terrible tener que salir al patio y cruzarlo para ir al baño, más en este húmedo y frio invierno, tarde tanto en agarrar calor, la noche se mi hizo corta, casi no pude dormir.
Además, siempre hay cosas que no me gustan, el corredor esta oscuro y tan solo en pensar ir a prender la luz, o ir corriendo a donde están mis papás, ¡Claro que no!, los asustaré y además no resolveré mi problema, ir al baño. Ahora me pregunto a quién se le ocurrió poner el baño ahí, tan lejos de los cuartos.
Me armo de valor y decido salir, mis instintos han ganado y aunque el cuero se me enchina y el estómago ya lo tengo revuelto; no aguanto más esta vejiga que está a punto de reventar. Salgo al patio, aun no ha salido el sol, el cielo está oscuro, los últimos rayos de la luna iluminan el bulto con forma de mujer, no sé qué hacer, a lo lejos cantan ya algunos gallos, se escuchan algunos ladridos y ahí está, ese cuerpo arropado. El miedo se apodera de mí, aunque el patio es amplio la mirada se fija en ella, todos mi sentidos están a la expectativa de lo que pueda suceder. Es una mujer, pero qué hace ahí, a quién espera y por qué está de espaldas. En cada paso que dot el patio parece alargarse y mis pasos son cada vez más pesados.
La curiosidad me gana y me acerco más, pero el escalofrío se apodera de mí, las ganas de ir al baño me mantienen en camino, pero cada vez la luz de mi cuarto se hace más pequeña, y las sombras y reflejos sobre esa mujer hacen que mi corazón empiece a latir fuerte y no puedo parar, es una mezcla entre deseo y miedo.
Me siento tan solo al caminar aquí, la oscuridad me rodea, no soy capaz de voltear a mirar mi cuarto, no puedo darle la espalda, el miedo se apodera de mí. En este momento mi corazón pareciera que quiere salirse de mi pecho, invoco todos los santos, al mismo Dios, pero aun así no puedo dejar de temblar.
…He decidido enfrentarla, tocaré su hombro y preguntaré que hace ahí…
La mezcla de miedo y valor revolotean por todo mí ser, casi puedo escuchar mis dientes titiritar, el vacío de mi pecho, la respiración agitada y el corazón latiendo más fuerte a cada paso. Mis vellos se enchinan al estirar mi brazo para tocar su hombro.
En el momento, la mujer se da la vuelta y su grito agudo, largo, como una horrorosa carcajada agónica, me desprende de mí, me arranca de la realidad, me arrastra al mundo de lo desconocido, infernal, de momento solo puedo sentir como un líquido caliente arriba a mis pies.
Además, siempre hay cosas que no me gustan, el corredor esta oscuro y tan solo en pensar ir a prender la luz, o ir corriendo a donde están mis papás, ¡Claro que no!, los asustaré y además no resolveré mi problema, ir al baño. Ahora me pregunto a quién se le ocurrió poner el baño ahí, tan lejos de los cuartos.
Me armo de valor y decido salir, mis instintos han ganado y aunque el cuero se me enchina y el estómago ya lo tengo revuelto; no aguanto más esta vejiga que está a punto de reventar. Salgo al patio, aun no ha salido el sol, el cielo está oscuro, los últimos rayos de la luna iluminan el bulto con forma de mujer, no sé qué hacer, a lo lejos cantan ya algunos gallos, se escuchan algunos ladridos y ahí está, ese cuerpo arropado. El miedo se apodera de mí, aunque el patio es amplio la mirada se fija en ella, todos mi sentidos están a la expectativa de lo que pueda suceder. Es una mujer, pero qué hace ahí, a quién espera y por qué está de espaldas. En cada paso que dot el patio parece alargarse y mis pasos son cada vez más pesados.
La curiosidad me gana y me acerco más, pero el escalofrío se apodera de mí, las ganas de ir al baño me mantienen en camino, pero cada vez la luz de mi cuarto se hace más pequeña, y las sombras y reflejos sobre esa mujer hacen que mi corazón empiece a latir fuerte y no puedo parar, es una mezcla entre deseo y miedo.
Me siento tan solo al caminar aquí, la oscuridad me rodea, no soy capaz de voltear a mirar mi cuarto, no puedo darle la espalda, el miedo se apodera de mí. En este momento mi corazón pareciera que quiere salirse de mi pecho, invoco todos los santos, al mismo Dios, pero aun así no puedo dejar de temblar.
…He decidido enfrentarla, tocaré su hombro y preguntaré que hace ahí…
La mezcla de miedo y valor revolotean por todo mí ser, casi puedo escuchar mis dientes titiritar, el vacío de mi pecho, la respiración agitada y el corazón latiendo más fuerte a cada paso. Mis vellos se enchinan al estirar mi brazo para tocar su hombro.
En el momento, la mujer se da la vuelta y su grito agudo, largo, como una horrorosa carcajada agónica, me desprende de mí, me arranca de la realidad, me arrastra al mundo de lo desconocido, infernal, de momento solo puedo sentir como un líquido caliente arriba a mis pies.
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