lunes, 27 de diciembre de 2010

Fria noche invernal...

La noche estaba por caer, este invierno ha sido más frio que lo normal, mis piernas no se calientan a pesar de todo lo que hoy camine, subo a la habitación y aun sigue tan fría como cuando llegué y me cambie, he dejado la ropa húmeda por un lado y no me logro calentar.

Como otras noches preparo mi café, esta vez lo deje hervir de más, el olor invade todos los espacios y lo gorgojes del agua suenan pidiendo atención,  no hay más ruido en la casa, tan solo eso. Me acerco al sillón con el café servido, preparo mi correspondencia y me pongo a abrir y leer, no hay más que deudas y estados de cuenta del dinero que ya gaste.

Nada fuera de lo normal, regreso a mi habitación y me preparo para dormir, como siempre pretendo no llevar el mismo acto de protocolo todas las noches; tarde, más que otros días me acuesto y dejo de pensar, retiro las ideas y espero dormir, me acompañan los murmullos del árbol que se mece por fuera mientras sus sombras y luces que penetran mi ventana me acompañan.

Sin cesar quedo dormido, pero no pasa mucho tiempo cuando comienzo a sentir de nuevo esa sensación, aquel sexto sentido que nos avisa cuando alguien a lo lejos nos mira, la sensación de una mirada fija en mi, repasando palmo a palmo de mi cuerpo,  sin embargo todo es oscuridad la penumbra total me invade y no puedo discernir  el origen de las miradas,  de pronto las tinieblas se abren casi igual que cuando uno abre camino en la niebla y miro ahí ese cuerpo tirado, sin sentido, parece que es mi cuerpo pero no puede serlo ya que soy quien lo mira fijamente.

De la nada y sin sentir me alejo, como llevado por un remolino camino de espaldas, quizás corro, aunque no siento mis pies todo pasa a mi lado sin parar, de repente veo esas figuras a mi lado, figuras humanas semejantes a cuerpos que malformados están. No logro distinguir entre esta espesa penumbra, sombras y luces se confunden es difícil distinguir color, a lo más distingo el brillo y resplandor de unos cuantos y en otros esa profunda oscuridad que representa el vacio.

De repente y de la nada escucho a este niño, llorando esta, aunque no puedo verlo si puedo escucharlo. Sus lamentos denotan melancolía, un profundo dolor,  queriendo ayudarlo lo busco por cualquier lugar pero no puedo ayudarlo, de pronto llego a esa pared, una barrera de cristal que no puedo rebasar.

Él está del otro lado, lo veo tirado en el suelo sin poderlo ayudar, su llanto invade todo, no es llanto de dolor corporal, su alma es la que llora, no lo puedo consolar y  su llanto envuelve todo el lugar, al momento siento miedo por pensar en quién le hará tanto daño, quién lo ha lastimado, el escalofrío recorre mi ser, mi extraño ser o lo que sea es.

Esa frustración me quiebra, no tengo mucho que hacer, solo puedo consolarlo desde mi lugar, no puedo cruzar la barrera de cristal, de  un momento a otro, voltea y me mira, sus lagrimas recorren su rostro, no lo puedo consolar, pero intento hacerlo, su mirada me pide que lo saque de ahí, que lo libere de tanto mal, pero nada puedo hacer.

De momento siento otra presencia, quizás quien lo tiene así no puedo enfrentarlo me siento mal, su fuerza es mucha y regreso súbitamente a mi lugar… todo vuelve aceleradamente atrás, como andar de vuelta a casa sin mirar atrás, no siento la velocidad si no fuese por la sensación que la distancia de sus lamentos me da.
No puedo hacer nada, se queda ahí, llorando sin parar, ese lamento que se agudiza al alejarme de él, convirtiéndose en lejano sollozo se pierde en el tiempo y la distancia, no pude hacer nada por él, de momento regreso a mi… mi cuerpo yace inerte y me veo acercar, en cada momento es más brillante la luz que sale del fondo, siento como soy arrojado a él, por una fuerza más allá de mí.

El extraño regresar se complementa con mi ajetreado respirar, mi corazón late tan fuerte que siento que mi pecho estallará, sudo sin cesar, aunque siento tanto frio que al tocar mi piernas los bellos del cuerpo se me erizan de tan frio que esta. Tardo encontrarme en esta realidad, el extraño sueño que he vivido pareciera realidad, no logro descifrar que ha pasado, y tardo en encontrar la realidad.

Miro el reloj de nuevo son las 3:00 AM, para mi pareciera que ha pasado una inmensidad, pasado el rato logro consolar el sueño, no sin antes recordar todo lo que soñé o quizás viví en otra noche tan alejada de mi realidad.